En uno de sus libros más alucinantes, o alucinados, que ya es decir, titulado 'Magnitud imaginaria' (1973 con traducción española reciente en Impedimenta), Stanislaw Lem reúne una colección de prólogos a libros que no existen aún. Entre ellos, dos prefacios a la historia en cinco volúmenes de una misteriosa disciplina llamada 'biteratura':
"Bajo la denominación de 'biteratura' englobamos toda obra de procedencia no humana, o sea, toda aquella literatura cuyo autor directo no ha sido el hombre".
La asombrosa capacidad anticipatoria del escritor polaco de ciencia ficción es ya un cliché, pero leer el cuento estos días de paranoia en los que la IA gana concursos literarios y los cardenales aplican Claude a las encíclicas papales resulta aún más inquietante.
Lem describe dos escuelas en la 'bitística', o estudios literarios sobre 'biteratura', la 'tradicional', que se atiene en exclusiva a los textos de los autores robóticos, y la 'del Nuevo Mundo', que se ocupa también de cómo diferentes combinaciones de hardware y software imprimen rastros distintos en las obras. También enumera los géneros principales, ensaya nuevas clasificaciones para una forma desconocida de escribir ficción para la que ya no funcionan las escuelas ni la marchita teoría literaria humana y menciona incluso las peligrosas "ensoñaciones mecánicas" (¡nuestras "alucinaciones"!).
En su estupendo artículo sobre la 'biteratura' de Lem publicado en el libro 'Tecnología y barbarie' (Anagrama), el escritor argentino Michel Nieva no duda de que entre esos cinco tomos habrá un apartado dedicado a ChatGPT, "un escritor bítico nacido en San Francisco que floreció en la tercera década del siglo XXI, entre 2022 y 2029".
Pero lo más perturbador de este prólogo ficticio a una futura 'Historia de la Biteratura' es cuando Lem plantea cómo evolucionó el asunto. Las máquinas primero eran entrenadas con las disciplinas humanas (como nuestras IAs), respondían a órdenes (¡prompts!) y, en fin, escribían bastante mal. Pero cuando la tecnología fue capaz de dotarlas de una "creatividad libre", llegó el momento de la "apostasía": máquinas superinteligentes empezaron a crear una literatura excelsa, maravillosa y, al final, incomprensible para el ser humano.
Concluye Lem: "En otras palabras, la especie humana se halla totalmente desarmada ante una literatura cuyos comienzos se deben, indirectamente, al hombre".
[Fuente: https://x.com/elarjonauta/status/2059598858636710073?s=20]
*Un servicio de NAP (Notiñol Associated Press) en colaboración con TDP (The Daily Punch)

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