Páginas

viernes, 19 de junio de 2026

SE NOS HA MUERTO CARLO

 Nota preliminar de Über Mansilla

"El método es el camino después de haberlo recorrido"
MARCEL GRANET

Se lamenta y se llora en estos días la muerte de Carlo Ginzburg, padre de la "microhistoria", corriente historiográfica para la que Miguel de Unamuno acuñó, a fines del siglo XIX, su propio término: la "intrahistoria". Oficio de investigación en el que también habría que incluir una mujer, aunque no se la nombre para nada en las notas necrológicas dedicadas a Ginzburg. Me refiero a Eileen Power, que ya hiciera "microhistoria" con su célebre libro "Gente de la Edad Media" (1924), cuya edición argentina leí con fascinación a fines de los setenta del siglo pasado.

Las virtudes de la "microhistoria" son la pasión nietzscheana por las etimologías; el amor por el detalle, la paciencia y la suspicacia. En este último sentido, forma parte de la Escuela de la Sospecha, a la que también pertenecieron, pero desde la ficción, Fraz Kafka y Jorge Luis Borges. Y naturalmente desde las Ciencias Ocultas, Sigmundo Freud. 

A la “microhistoria” le acomoda más el subsuelo que las superficies refulgentes, pues para los “intrahistóricos” se trata de reconstruir con documentos poco avalados por la historia oficial el mundo cotidiano de "vidas mínimas" para ir desentrañando poco a poco el sistema de ideas y creencias de una época. Walter Benjamin diría: hay que trabajar tanto o más con el negativo de la foto que con su revelado.

De Ginzburg conservo en mi biblioteca la versión sueca de "Quesos y Gusanos" (“Ost och maskar”, Ordfront 1983), libro primigenio de 1976 con el que el historiador italiano se dio a conocer al lector europeo. Quien desee visitar sus páginas se encontrará con Menocchio, el molinero acusado por la Inquisición de transmitir ideas heréticas. Ante el Tribunal sostuvo imperturbable que del queso nace el caos; y de los gusanos, los ángeles y Dios.

Si se quiere intuir el método de Ginzburg o recibir de él una primera impresión, nada mejor que leer la conferencia “Un lapsus de M.B.”, dedicada a la memoria de su maestro, el historiador Marc Bloch. Aquí el modus operandi es de una audacia freudiana de dimensión fractal: en una perla tan aparentemente insignificante como un lapsus lingüístico está dilucidada la presencia de un milagro donde la “microhistoria” se autoexplica como palimpsesto universal.

Puede ocurrir que Carlo Ginzburg buscara en Marc Bloch la figura de su propio padre, Leone, para salvar a ambos de la muerte, mediante un rito simbólico de regeneración, en la creencia de que la "microhistoria" es también una labor de alquimia. Bloch, fundador de la corriente francesa "École des Annales", fue fusilado por los nazis en 1944. Leone Ginzburg, filólogo de profesión, no pudo sobrevivir a las torturas a las que fue sometido por sus verdugos en la prisión Regina Coeli a fines de 1943.

Carl Ginzburg, humilde y generoso en el trato, fue desde su primer libro, publicado en 1976, el heredero intelectual de la Resistencia y la Palabra. Leerlo, releerlo, conversarlo en días desmemoriados como éstos, contiguos a los resumideros de la posmodernidad, es sacudirse por un instante, como pez en aleteo ciego, y revivir.


                   © Foto: Danilo de Marco 

              

ENLACES DE INTERÉS

  • El queso, los gusanos y la revolución de la microhistoria
    Entrevista a Carlo Ginzburg 👉

  • José Emilio Burucúa despide a su amigo Carlo Ginzburg 👉

  • Película "Menocchio" (2018) - Subtítulos en español 👉

  • Dossier dedicado a Ginzburg en la Revista Taller de Letras de la Universidad Católica de Chile 👉

  • C. Ginzburg:"Un lapsus de Marc Bloch" (conferencia en francés) 👉 








No hay comentarios:

Publicar un comentario