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martes, 23 de junio de 2026

EL PUÑETAZO DEL DÍA

COLOMBIA: INFLEXIÓN O ABISMO
por Adrián Ramírez
23.6.26.

El triunfo de la ultraderecha ha dado un mensaje claro al progresismo: la disputa del poder a la tecnocracia con manuales y métodos del siglo XX no es solo un error de lectura geopolítica; es un camino a la tragedia con riesgo real de extinción:

El progresismo ya no compite contra partidos tradicionales ni sobre escenarios exclusivamente analógicos; compite contra el sentido que emana de los ecosistemas híbridos y cognitivos, diseñados para colonizar la subjetividad y (nos guste o no) con gran efectividad. Y urge asumir el escenario.

La asunción de la era híbrida

Si hubo un error común en las campañas (y en las gobernabilidades) de los últimos años en países como Argentina, Ecuador, Bolivia, Chile, Perú y ahora también en Colombia, ese ha sido el anclaje analógico: creer que la disputa política sigue resolviéndose exclusivamente con las reglas del siglo XX. Mientras el progresismo sigue replegándose en la mística de la plaza pública sin asumir o sin poder abordar el mundo híbrido, la tecnocracia liderada por EEUU opera bajo la lógica del tecnofeudalismo, parcelando la atención pública sin descanso desde los feudos controlados por Silicon Valley.

Desde allí, la ultraderecha no gana proponiendo reformas técnicas y programáticas; gana operando un marco aspiracional de opulencia, orden y restauración moral que reduce la densidad discursiva progresista a una voz vieja, compleja y, por tanto, propensa a interpretarse ajena.

La movilización por ansiedad

La teoría política clásica asumía con ingenuidad que un salto histórico en la participación beneficiaba orgánicamente a las fuerzas populares. Pero en el tablero tecnopolítico, la masa abstencionista ya no se activa por la esperanza programática de un potencial gobierno, sino por la hiperpersonalización o 'microtargeting' del pánico. Vayamos al caso inmediato: el votante flotante que definió la elección en Colombia no salió a las urnas por convicción ideológica de derecha, sino por la urgencia inducida e inoculada en sus 'feeds' (canales o fuentes) ante un supuesto colapso inminente.

El espejismo de competir o gobernar sin poder

Disputar o administrar el gobierno ya no significa indefectiblemente tener o retener el poder. Si las bases materiales de la nación siguen subordinadas a la arquitectura financiera e institucional de Washington o si la soberanía digital se abandona al control de otros, la investidura presidencial es un adorno. Sin un escudo estructural, todo gobierno progresista o no alineado con la tecnocracia central (EEUU) queda inmediatamente expuesto a crisis inducidas, a asedios mediático-digitales desde plataformas extranjeras y a bloqueos corporativos capaces de dinamitar cualquier agenda de reformas, a una velocidad sin precedentes.

Bloque o muerte

El progresismo occidental tiene hoy dos caminos unívocos: o entiende que la historia demanda urgentemente una agenda internacional, ágil y proactiva con China adentro, o se resigna a ver pasar el siglo por delante de sus ojos mientras EEUU se lleva las soberanías y los recursos estratégicos puestos a su paso. Y no se trata de una alineación ideológica nostálgica de Guerra Fría, sino de crudo realismo geopolítico: si la región no utiliza el ascenso de Beijing como contrapeso estratégico para diversificar divisas y blindar sus datos, la independencia y la soberanía nacional seguirán siendo una ficción jurídica en una promesa imposible.

La urgencia del pragmatismo

El progresismo necesita superar los marcos de los años 70 y las frases estéticas de los foros como único instrumento. El contexto contemporáneo exige transmutar la nostalgia en comprensión de los fenómenos actuales sin precedentes y en pragmatismo material: Disputar la política en los formatos que la cultura híbrida actual requiere, erigir infraestructuras públicas de datos y comunicación, abordando sin complejos la realidad tecnológica (5G, IA, servidores soberanos) en el Sur Global.

El fin de la soberanía defensiva

Ganar elecciones o gobernar para ser tutelados por el ahogo financiero de Washington o el panóptico algorítmico de Silicon Valley es una estrategia de suicidio asistido. Eso es hoy la empresa de la ultraderecha y los presidentes en la nómina de Trump. Es menester del progresismo, entonces, mutar ya su arquitectura operativa hacia un realismo geopolítico y asumir a condición híbrida de la realidad: el futuro no puede defenderse ya solo con discursos, ni siquiera con verdades. El complejo escenario actual demanda el blindaje material e infraestructural que solo un bloque internacional puede sostener. El primer paso para cambiar el futuro es asumir el presente, el escenario, sus exigencias, sus métodos posibles y, finalmente, su plan de lucha y transformación. Y ese punto de inflexión debe ser ahora. La alternativa es el abismo.

(Fuente: https://x.com/_adrianramirez_/status/2069160443894194593?s=20 )

*Un servicio de NAP (Notiñol Associated Press) en colaboración con TDP (The Daily Punch)

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