Páginas

domingo, 31 de enero de 2010

EL CUÁNDO DE CHILE/ Que Piñera, que la Concertación, que el neoliberalismo y que bla bla bla...pero la Izquierda, ¿dónde y en qué está?


Una lectura atenta de los análisis post-electorales en la prensa no oficial nos conduce a una recurrente lamentación presa de contrasentidos. Por una parte, esta prensa se lamenta a grandes voces del triunfo de Piñera y acusa a la Concertación de haberle abonado a éste su camino a la presidencia; por otra, en esta misma prensa se insiste al mismo tiempo hasta la majadería que la Alianza por Chile y la Concertación son una y la misma cosa, puesto que ambos conglomerados han sido sostenedores del proyecto pinochetista que ha combinado en estos últimos veinte años un neoliberalismo a tajo abierto en lo económico con una democracia protegida en lo político.

Ahora bien, si Piñera a todas luces representa la continuidad de un modelo de sociedad transado en las postrimerías de los años ochenta, ¿a qué se debe la alharaca de unos y otros de verlo hoy triunfante como presidente electo? Tampoco entiendo muy bien por qué en la prensa crítica hay una fijación por dirigir sus dardos contra Sebastián Piñera como persona; ¿es que la situación sería distinta con Lavín, Espina o Jovino Novoa en la presidencia? Por otra parte, ¿no es acaso cínico y ridículo a la vez que la Concertación haya hecho un llamado a formar un solo frente opositor contra Sebastián Piñera, sabiendo que se trata de un miembro de su propia familia? No olvidemos, por favor, que esa “política de los acuerdos” tan mentada en estos días alude justamente a aquellas ocasiones en que demócratacristianos y socialistas se sentaron –no pocas veces- en torno a una misma mesa con Sebastián Piñera y compañía, y negociaron con éstos gran parte de las políticas nefastas que los chilenos aún padecen. Por lo tanto, nada tendría de extraño o escandaloso que algún conspicuo personero de la Concertación pasara a formar parte del futuro gobierno de la Alianza por Chile.

También, es de sumo provecho recordar hoy que esa política de los acuerdos hizo de la Transición chilena una seguidilla de gobiernos cívico-militares, como queda brillantemente demostrado en el libro de Ascanio Cavallo, “La historia oculta de la Transición.” Espero que tengamos presente en la memoria el co-gobierno cívico-militar de Patricio Aylwin, en el que Pinochet se dio el lujo de montar un enclave autoritario con poderes de facto que forzó a un periodo de componendas y arreglines, en el que brilló, entre otros, Enrique Correa, el más grande negociador socialista de todos los tiempos. Para nadie, entonces, puede ser un misterio -salvo para un cerril y senil P. Aylwin- que las legislaturas que van desde él mismo hasta la de Bachelet no son sino sucesivos co-gobiernos de las dos formaciones binominalmente en ejercicio, co-gestores (¿cogoteros?) además de un modelo heredado y sucesivamente consensuado, de modo que las diferencias que pudiera haber en torno a su manejo y desarrollo han sido puramente retóricas.

Sobre el modelo finalmente resultante e impuesto ya se ha escrito bastante; sin embargo, yo quisiera añadir mis propias reflexiones, aun a sabiendas de que este asunto ha sido abordado con mayor agudeza y autoridad por polemistas como Diamela Eltit (ver su artículo “Costos y castas: Chile, el paraíso más enfermo del consumo” ) y Lavín Mujica en el enjundioso “Claves filosóficas para entender la sed de poder de Sebastián Piñera”.

Yo diría que el neoliberalismo debilita pero no siempre hasta el límite de la pobreza. El neoliberalismo avasalla, aplasta, arrasa y disgrega hasta reducir a sus “enemigos internos” a un estado de precariedad a todo nivel y en todo terreno. Así, las modernizaciones “refundacionales” emprendidas por Pinochet y los civiles a su cargo, y “retocadas” en las últimas dos décadas por sus herederos, nos han dejado un CHILE PRECARIO implantado a lo largo y ancho de todo su tejido social; por ejemplo, en el político (democracia protegida, binominalismo); en el económico (privatizaciones, “flexibilidad laboral”, AFP); en el educativo(municipalización, control ideológico, segregación escolar) y en lo cultural (domesticación, banalización, farándula). El neoliberalismo pretende que la precariedad creada resulte irremontable y que las “ventajas comparativas” conseguidas gracias a aquélla” sean –ojalá-imperecederas. En este marco, ¿cuál ha sido el aporte de la Concertación? Ni más ni menos que el de haber evitado que el modelo neoliberal se orientase hacia el abismo de una pobreza irreversible, re-orientándolo hacia una precariedad soportable, lo que constituye una re-interpretación “humanista” del neoliberalismo, forzándolo a disminuir o disimular sus CHOREOS monumentales hacia arriba y obligándolo a soltar sus CHORREOS hacia abajo; de allí los bonos de unos y de otros, lo que yo llamo ‘la sociedad precaria bono-factora’, sobre la que tanto han escrito, entre otros, los ensayistas Alain Touraine y Vidal-Beneyto.

Después del 17 de enero, hemos venido escuchando voces concertacionistas llamando a la refundación del conglomerado (Carolina Tohá); también hay llamados a remozar los partidos que lo integran como un paso más hacia la renovación. Sin embargo, esperar cambios ideológicos en su interior y creer, por ejemplo, que el triunfo de Piñera forzará a la Concertación a desplazarse bruscamente hacia la izquierda es sumamente ingenuo. Lo es también pensar que ahora aquélla recibirá en su seno a nuevos partidos. En verdad, dentro del esquema binominal vigente, la Concertación no necesita de cambios de ningún tipo; más bien, tiene futuro, y mucho, independientemente de refundaciones improvisadas y rejuvenecimientos perentorios. Sería además una ingenuidad tremenda esperar de la Concertación una autocrítica o siquiera pedírsela. Lágrimas habrá, pero serán de cocodrilo; como las vertidas en el Museo de la Memoria, puesto que Frei Ruiz- Tagle, años antes, se había negado a recibir en la Moneda a dirigentes de Derechos Humanos. En fin, el Museo es el último gesto “progresista” de una Bachelet saliente, lo que muchos interpretarán como un ‘bono de reparación’ a falta de justicia.

En el futuro, la Concertación se enfrentará a una sola amenaza: la de un escenario político de grandes movilizaciones sociales de protesta que obliguen a plebiscitar la Constitución pinochetista de 1980, con la esperanza de reemplazarla por una Carta Fundamental genuinamente democrática que ponga fin, entre otros puntos, al sistema binominal y lo sustituya por uno proporcional que asegure en el Parlamento la diversidad ideológica, donde no sólo la Izquierda pueda expresarse sino también el así llamado “progresismo” con el cual Frei Ruiz-Tagle se llenó tanto la boca durante su campaña presidencial. Ahora bien, para mitigar esta amenaza o distraerla, vemos ya que la Concertación ha optado por la poco sutil táctica de las “infiltraciones pactadas”. Así, en el Parlamento de la era-Piñera que se inicia en marzo habrá tres diputados del Partido Comunista.

¿Qué ocurrirá si la estratagema de la infiltración se hace “sistémica” y tanto la Izquierda como el progresismo se apartan de la tarea verdadera que les corresponde? Bueno, se formarán colas de “infiltradores” a la espera de su turno y es posible que hasta el mismísimo “Rumpy” llegue así algún día a ocupar una silla “grado tres” en el Senado. Con esta práctica, entre desesperada y picaresca, le estaremos diciendo adiós a las urgencias de una Asamblea Constituyente en pro de una nueva Constitución. Además, con una izquierda y un progresismo enredados en el proceso de infiltrarse permanentemente en el duro cuero de chancho del sistema binominal, se le estará haciendo un gran favor al exitoso galán de la teledemocracia chilena, Marco Enríquez Ominami, pues si éste fue capaz de conseguir en menos de seis meses el 20 por ciento del electorado, bien podría sorprendernos con un jugoso 51% en las presidenciales del 2014. Por lo tanto, Ominami podría gobernar completamente solo, como aquel monarca del “Principito” sin súbditos ni asesores en un reino devastado.

Reviso una y otra vez la prensa chilena digital progresista y de izquierda, y en ninguna parte vislumbro siquiera un análisis de los caminos a seguir. Toda la maquinaria crítica va dirigida contra la Concertación, el neoliberalismo y contra Sebastián Piñera. En toda esta prensa izquierdista descontenta, criticona y plañidera hay un escamoteo, un leve gesto de autocensura. Siento que la cuestión de fondo no surge, no aparece por ningún lado. Para mí, las preguntas esenciales son éstas: ¿Por qué, en veinte años, la izquierda representada en el Juntos Podemos Más y el progresismo que gira en torno a él, no han podido convertirse en una alternativa de gobierno? ¿Por qué, en términos electorales, éstos no han pasado, en dos décadas, del cinco por ciento? ¿Por qué las ideas de esta izquierda y de este progresismo no han podido convertirse en una cuestión nacional? ¿Cómo explicar su marginalidad? ¿Por qué estas ideas tan sensatas y justas no prenden en los sectores populares? ¿Por qué posiciones progresistas y de izquierda han ganado bastante terreno en Brasil, Venezuela, Bolivia y Ecuador pero no en nuestro país?

Hagamos un poco de historia para percibir con mayor nitidez el drama que nos ocupa. Poco antes del Golpe, el 4 de septiembre de 1973, en la que fue la última concentración de apoyo al gobierno de la Unidad Popular, Salvador Allende convocó en Santiago a un millón de adherentes, es decir, tres o cuatro veces más del apoyo que la Izquierda ha tenido A NIVEL NACIONAL en las elecciones de los últimos años. Y si de elecciones estamos hablando, recordemos que en 1970 la Izquierda llegó al gobierno con una votación del treinta y seis por ciento. Luego, en las parlamentarias de marzo de 1973, el apoyo ciudadano ascendió al cuarenta y tres. Por desgracia, es necesario medirse de cara a estos parámetros y no ante el reciente y paliducho seis por ciento de Jorge Arrate, quien canoso y melenudo ha querido convertirse, bien intencionadamente por cierto, en el Allende del siglo XXI. Sin embargo, una cosa es el voluntarismo y muy otra, el desarrollo de una FUERZA PROPIA, de la que la Izquierda de hoy está huérfana y desposeída. ¿Por qué?

Convengamos en que el golpe militar de 1973 no sólo significó el derrocamiento de un gobierno democráticamente elegido; con aquél, la burguesía chilena se propuso desterrar para siempre de suelo chileno las ideas de igualdad y solidaridad, en un proyecto oligárquico de hacer imposible el retorno al país por muchos años de las ideas de justicia social; también, el de provocar en ellas su debilitamiento al máximo y el de postergar permanentemente su recuperación, sometiendo al ideario de izquierda y progresista a una constante dispersión y deshilachamiento. Ahora bien, si un estado de esta naturaleza es reversible, ¿dónde nos encontramos hoy y qué estamos haciendo?

Digamos, finalmente, que una fuerza propia y la cultura política que la acompaña no se construyen de la noche a la mañana. Entre la fundación por los obreros Abdón Díaz y Maximiliano Vera de la primera mancomunal obrera en 1902, en Iquique, y la victoria de la Unidad Popular en 1970 median casi setenta años de lucha incesante del Movimiento Obrero y Popular, teñidas de triunfos y derrotas; conquistas y retrocesos; de matanzas y resurrecciones. Pero el dato es irrefutable: se requirió más de medio siglo para que la Izquierda insertara en el corazón de la sociedad chilena la cultura por el cambio, la necesidad de construir una sociedad más justa e igualitaria. Salvador Allende, cuyo ideario político es además un método de trabajo, sostenía que más importante que conquistar votos era ganar conciencias, con lo cual engarzaba el trabajo político con la creación de una cultura por la transformación, tarea frente a la cual los chilenos nos volvemos a encontrar más de un siglo después, como si nos halláramos en el Norte Grande en los mismísimos albores del siglo veinte, en un descampado o desierto con toda una OBRA GRUESA por hacer y con los materiales de construcción y los recursos humanos a la vista. Edgar Morin lo ha dicho mucho más claro que yo en “El elogio de la metamorfosis”. Cito:
“El socialismo nació en algunas mentes autodidactas y marginalizadas del siglo XIX, para convertirse en una formidable fuerza histórica en el XX. Hoy, hay que volver a pensarlo todo. Hay que comenzar de nuevo.
De hecho, todo ha recomenzado, pero sin que nos hayamos dado cuenta. Estamos en los comienzos, modestos, invisibles, marginales, dispersos. Pues ya existe, en todos los continentes, una efervescencia creativa, una multitud de iniciativas locales en el sentido de la regeneración económica, social, política, cognitiva, educativa, étnica, o de la reforma de vida.
Estas iniciativas no se conocen unas a otras; ninguna Administración las enumera, ningún partido se da por enterado. Pero son el vivero del futuro. Se trata de reconocerlas, de censarlas, de compararlas, de catalogarlas y de conjugarlas en una pluralidad de caminos reformadores. Son estas vías múltiples las que, al desarrollarse conjuntamente, se conjugarán para formar la vía nueva que podría conducirnos hacia la todavía invisible e inconcebible metamorfosis.”

Y tú, Izquierda mía, ¿estás ahí? ¿O tendremos que morirnos en un país sin nombre, sin casa y sin nada?

miércoles, 20 de enero de 2010

EL CUÁNDO DE CHILE / Los nuevos tiranos

Veinte años después de los pactos transicionales, podemos afirmar que la apuesta del Partido Socialista de integrar una coalición que permitiera el regreso a la legalidad democrática, NO mató a los partidos de izquierda –están todos vivitos y coleando- sino que aniquiló la posibilidad de re-crear una CULTURA DE IZQUIERDA y, de paso, borró del mapa político la memoria histórica de la Izquierda chilena, particularmente la herencia del Movimiento Obrero de comienzos del siglo XX y el legado de Salvador Allende y de la Unidad Popular. A las amnistías oficiales, diríase que le siguió un amnesia generalizada del socialismo chileno, avergonzado por el derrumbe de la Unión Soviética y la caída del muro de Berlín. En este cuadro, no estaba de moda declararse ni izquierdista ni marxista; en el primero de los casos, se lo tildaba a uno de anacrónico; en el segundo, de delincuente. De este modo, el “pueblo socialista” le abrió las puertas a las ambigüedades de la postmodernidad, dejándose seducir por las retóricas del fin de los “grandes relatos” y del “fin de la historia”. Sin un mínimo de reflexión seria –salvo la de Rudolf Barho en los ochenta con “La alternativa"–, la Izquierda mundial empieza a desvincularse de su pasado histórico acudiendo primero a la operación ridícula de retocar sus nombres; así, en Italia, el Partido Comunista pasa a llamarse Partido Democrático de Izquierda; en Suecia, el Partido Comunista de Izquierda, quedó en un simple Partido de Izquierda. Para decirlo con el título de un film de Ettore Scola: no solamente éramos los viejos y los feos sino también los sucios. Estas acciones de mea culpa y de lavado público llegaron naturalmente también a Chile, aunque en el país no hubo cambio de rótulos sino una sostenida y no muy lenta adaptación a la fiebre democrática de parte de un segmento importante de la izquierda; para luego ver a ésta misma abrazar, sin mucho disimulo, el ideario de la Economía de Libre Mercado y el culto no menos asqueroso del dinero.

El apagón cultural de la Izquierda es su propia amnesia introyectada; es su propio achatamiento producido por una autoestima esclerosada. Durante los últimos veinte años, la democracia se convirtió en muletilla universal, como lo es hoy el cambio climático. Y aún peor: ser democrático pasó a ser monopolio del Centro y la Derecha. Mientras tanto, la Izquierda chilena seguía huyendo del derrumbe total –¿hasta cuándo?- y se repetía a sí misma el padrenuestro de que la adaptación al marco democrático fijado por la Transición era el mal menor.

Ahora sabemos que hubo siempre una alternativa al mal menor; a saber, la apuesta por la reconstrucción de una CULTURA SOCIALISTA, por la elaboración de una alternativa de izquierda y por la reconstitución del Movimiento Popular sin el cual, en política, no se llega muy lejos. Hoy nos queda claro que la Izquierda no aprovechó las experiencias del movimiento social y popular nacido durante los años de lucha contra la Dictadura; tampoco supo sacar provecho de las experiencias políticas y culturales asimiladas en los años de exilio. Estas dos omisiones, más su adaptación al sistema democrático negociado en los noventa, explican, en gran parte, la miseria en la que se encuentra la Izquierda chilena de hoy. El cuadro no puede ser más desalentador. Veamos:

Una clase trabajadora minoritariamente sindicaliza y una Central Única de Trabajadores (CUT) sin gravitación nacional; un Partido Comunista –agradezco que siga llamándose como se debe- desprovisto de peso cultural y electoral; un partido socialista internamente dividido –como de costumbre- en distintas fracciones y tendencias, y con militantes en fuga permanente; un ex ministro de Allende- Fernando Flores- que no sabe distinguir entre un movimiento popular y un colegio profesional y que para colmo se ha pasado a las filas de la Derecha; como si éste panorama sobrecogedor no bastara, vemos a caudillos de izquierda por doquier, bajándose de sus partidos o renunciando a ellos y formando nuevas plataformas sin fuerza política real. Después de tanto desastre, uno tiene el derecho a preguntarse, con el corazón partido: ¿Es este acaso el Chile que soñó Jorge Arrate en su instituto de Holanda en los años de exilio? O el que previó Escalona en La Habana? ¿O el que imaginó para su padre Carolina Tohá?

La rajadura que hoy nos divide es dura pero inequívoca: por una parte, el recuerdo de la Moneda en llamas y un presidente inmolado que vaticina el regreso de las grandes alamedas; por otra, discípulos que lo desmienten y facilitan en su propio país la apertura de los mercados para la voracidad de las grandes empresas transnacionales. Vuelve a mi memoria un poema de José Martí, que ajustado a nuestra realidad nacional, nos dice que asistimos en el Chile de hoy al banquete binominal de los tiranos de la política, en la que éstos se comen viva a la patria que los vio nacer. El primer mordisco es el de Aylwyn; el segundo, el de Frei; la tercera dentallada -esta vez mortal -se la reparten los socialistas Lagos y Bachelet. Y para citar al poeta:
“Hay una raza vil de hombres tenaces,
De sí propios inflados, y hechos todos,
Todos del pelo al pie, de garra y diente;
Y hay otros, como flor, que al viento exhalan
En el amor del hombre su perfume.
(...)

A un banquete se sientan los tiranos,
Pero cuando la mano ensangrentada
Hunden en el manjar del mártir muerto
Surge una luz que les aterra, flores
Grandes como una cruz súbito surgen
Y huyen, rojo el hocico, y pavoridos
A sus negras entrañas los tiranos.
(...)

Danzas, comidas, músicas, harenes:
Jamás la aprobación de un hombre honrado.
Y si acaso sin sangre hacer se puede,
Hágase... clávalos, clávalos
En el horcón más alto del camino
Por la mitad de la villana frente,
A la grandiosa humanidad traidores.
Como implacable obrero
Que un féretro de bronce clavetea,
Los que contigo
Se parten la nación a dentelladas.”

lunes, 18 de enero de 2010

CARTA DE NAVEGACIÓN 10 / por El Almirante

1
De regreso en alta mar, quisiera llamar la atención sobre tres artículos de prensa leídos recientemente en las páginas de El País Digital. Los tres tienen en común el deseo de hacernos inteligible el mundo que nos asedia, sin omitir propuestas concretas para salir del atolladero en que, al parecer, nos encontramos.

“El macabro vodevil de Copenhage” está escrito por José Vidal- Beneyto, cuyas agudas reflexiones sobre política, cultura y sociedad sigo desde hace más de una década. Beneyto, siempre bien informado, es autor de una decena de libros, entre los que destaca "Poder global y ciudadanía mundial" (2004).

Las tres crisis” pertenece también a un conocido mío: el sociólogo Alain Touraine, autor -entre otros libros- del ya clásico “América Latina: política y sociedad".Touraine es de aquellos pensadores que con constancia ejemplar ya nos había advertido de la necesidad de ponerle diques de contención al modelo económico neoliberal; en sus libros y artículos de los últimos años, Touraine señala con claridad que la política bien entendida debiera ser la contraparte activa de la economía de libre mercado, no sólo mediante restricciones estatales sino a través de las injerencias e intervenciones del movimiento social y sindical; es decir, de la sociedad civil. De lo contrario, el neoliberalismo nos dejaría al borde de la destrucción. Diríase que el derrumbe financiero mundial le ha dado la razón a nuestro lúcido autor.

Finalmente, me topé ayer con el severamente atípico pensador Edgar Morin, cuyo artículo “Elogio de la metamorfosis” me recordó de pronto el transformismo cristiano de Teilhard de Chardin, tal como éste lo expone en el célebre ensayo “El porvenir del hombre”. Morin, desde su artículo, aboga por un retorno a la complejidad y nos pide que miremos con buena cara las incertidumbres y el caos de la hora presente.




sábado, 16 de enero de 2010

EL CUÁNDO DE CHILE / La segunda vuelta

Ya se verá lo que hay que ver, decía Huidobro; y lo más probable es que así sea cuando los chilenos acudan mañana a las urnas y elijan con su voto el hombre y el programa político que regirán los destinos del país durante los próximos cuatro años.

En un artículo del mes de mayo del 2009 predije desde este blog que Piñera ganaría en primera vuelta con mayoría absoluta. Me equivoqué pero el candidato de la Alianza por Chile estuvo muy cerca de conseguirla, pues obtuvo un generoso 44% que lo sorprendió a él mismo y a todo su entorno. Frei, el candidato de la Concertación, alcanzó un paupérrimo 29%; suficiente, sin embargo, para pasar a la segunda vuelta, cuyo desenlace se vivirá este domingo.

Sabemos que Piñera y Frei se disputan ahora los votos del millón de ciudadanos que en primera vuelta optaron por el ultraindependiente Marco Enríquez Ominami. Se trata de un electorado flotante, ambiguo, indeciso. No es improbable que este veinte por ciento de chilenos decida a última hora quedarse tranquilamente en su casa, u opte por votar en blanco o se incline por anular su voto; incluso, las últimas encuestas hablan de un “empate técnico”, lo que equivaldría, en consecuencia, a “la muerte cerebral” de los dos candidatos en disputa.

En el último debate presidencial televisado, que yo seguí fatigosamente por Internet, noté que ninguno de los candidatos había re-orientado sustancialmente su discurso hacia el electorado aún dubitativo. Para empezar, me sorprendí de que ambos contendientes se presentaran idénticamente vestidos; desde lejos parecían hermanos mellizos pidiendo más amor y respeto por la patria común; palabras que desde un recuadro en la pantalla eran simultáneamente interpretadas al lenguaje mímico de los sordos por una mujer similar a Catalina Saavedra, “la Nana”. ¿A qué apuntaba ese mensaje subliminal? No lo sabremos nunca.

En las intervenciones de los candidatos percibí leves retoques; por ejemplo, Piñera ya no promete un millón de carabineros; ofrece ahora, sin arrugarse, un millón de puestos de trabajo. Sin embargo, Sebastián anuncia mucho más que eso; en efecto, inspirándose en Silvio Berlusconi, acaso su maestro, Piñera ha pasado de los negocios a la política; para él no basta con ser el patrón de todos los chilenos. Este emprendedor aspira también a conquistar la presidencia. ¿Para qué? Bueno, para promover desde ella lo mismo que il imperatore Berloscuni en Italia, a saber, una renovación de la sociedad capitalista; la idea persistente de ambos empresarios es reemplazar el capitalismo con rostro humano por uno de rostro ameno, sin el cual no hay farándula digna de su nombre.

Por su parte, Frei, conocido en los círculos íntimos como “el Mudito”, matizó su retórica con un llamado a sumarse al “progresismo”, con lo cual el candidato de la Concertación resucitaba un término del siglo XVIII, más apropiado para un Chile colonial que para éste del siglo XXI. A Frei se le ve cansado, elemental, grismente mecánico. Su voz suena a marcha fúnebre, a galope muerto; o para decirlo con Bolaño, huele al nocturno de Chile.

Lo que la campaña presidencial me ha enseñado, desde mayo a esta parte, es que los puntos en común entre Piñera y Frei son tantos que sus diferencias resultan francamente irrelevantes. Diría que sus respectivas alianzas se complementan divinamente, a tal punto que sus compatibilidades debieron forzar el surgimiento de un Gobierno de Unidad Nacional (GUN), frente al cual la única oposición visible y a la mano era el cinco por ciento de la Izquierda representada en el movimiento Juntos Podemos.

En aquel potencial gobierno unitario de centro derecha que no llegó a cuajar, yo veía a Piñera como presidente de la república; a Frei, como ministro de hacienda y a Enríquez Ominami como ministro de educación. Los otros puestos podrían haberse repartido según el principio binominal que tanto éxito ha tenido entre la clase política dominante; es decir, un cargo para los socorristas de Piñera y otro, para los salvacionistas de Frei; en caso de desacuerdo, el puesto en juego podría pasar a manos de algún ultraindependiente de la línea Ominami. Así, llegué a imaginar que Fernando Flores sería el nuevo secretario general de la OEA; Evelyn Matthei ocuparía el ministerio de vivienda y Lavín, la cartera de economía. Y la minería, ¿para quién? Sostengo que Max Marambio, que tiene helicóptero, sería un buen supervisor, aunque no niego las ambiciones de Camilo Escalona o las ansias del impredecible primerista Jorge Schaulsohn. ¿Y qué hacer con el impoluto Jovino Novoa? Para él, creo yo, no hay mejor puesto que el de embajador vitalicio ante la Santa Sede.

En fin, lo de mañana domingo 17 de enero es una falsa contienda. Quizás el panorama sea distinto en el año 2018; para entonces tengo la esperanza de ver una Izquierda madura y en crecimiento, capaz de disputarle el gobierno a los centuriones del neoliberalismo, cuyo número es legión, tanto por el lado de la Concertación como de la Alianza por Chile. Sebastián Piñera representa, sin duda, la coronación comercial de un proceso pactado hace veinte años. En otras palabras, la farándula grado tres –perdón Roberto Artiagoitía- está por empezar.

martes, 5 de enero de 2010

ENTREVISTAS /Luciano Ekatombe en Essinge


Concluyeron el 31 de julio del año recién pasado las conferencias, coloquios y seminarios de Essinge, cuyo balneario reúne todos los veranos a Personalidades Establecidas del Saber Terapéutico. 
Memorables e irrepetibles han sido las siguientes ediciones anteriores:

Perestroika soviética y perestrauma chilena
. Un enfoque comparativo
. (1990). Moderador: Raúl Zorrita

La yegua de la noche. Revisitación de Jorge Luis Borges (1999) Moderador(a): Doralice Vera.

Noventa y nueve tesis sobre el Poder. Revisitación de Michel Foucault. (2006) Moderador: Emiliano Mallenco.

Suites barrocas para actor solo. Revisitación del Teatro de las Ideas (2005).Moderador: Ener Segovia.


Sein und Zeit. ¿Qué hora es? Revisitación de Martin Heiddeger (2008). Moderador: Manfred Kreyke
 
Este verano el tema central fue “La Construcción de Sí Mismo”, abordado interdisciplinariamente. Entre los invitados de este año destacan:
 
Michel Onfray (Caen); Alejandro Jodorowsky (Tocopilla); Manfred Kreyke (Karlsruhe), Kunnari Huttunen (Oulu) y Luciano Ekatombe (Farsta); éste último tuvo la amabilidad de conceder una substanciosa y larga entrevista a la prestigiosa Revista Aristotélica de Formación (RAF), que reproducimos parcialmente a continuación: 

-¿Por qué dejó Palermo y se instaló en Suecia?
-Porque se me empezó a morir la clientela.
-Se rumoreó hasta último momento que usted no vendría a la costa de Ostrobotnia este verano. Se habló incluso de una conspiración en su contra...
-Fue en verdad un conflicto entre Essinge y la Academia de Humanismo Ateo (AHUMA) sobre quién iba a tener los derechos de publicación de los documentos finales de los coloquios. La Academia, para cual yo trabajo, se negaba en un principio a ceder mis textos a las imprentas de Essinge sin dejar de cobrar por ello una comisión, cuyo altísimo monto no figuraba en los presupuestos de la Entidad.
-¿Cómo se zanjó el asunto? 

-Con un crédito de la Unión Europea y un par de subsidios del gobierno venezolano.
-Cuentan que usted se vio con Jodorowsky antes de los seminarios...
-Sí, coincidimos en Santiago, en una librería con piernas...
-¿La de Jorge Edwards?
-Sí, para la performance juvenil “POLVO ENAMORADO”, plataforma desde la cual brindamos todo nuestro apoyo a la Píldora del Día Decisivo (PIDDE); aunque Jodo cree que la pastilla no es necesaria, pues hay encuestas recientes que indican que el chileno medio sufre de eyaculación precoz.
-¿A qué se debe?-A la televisión, creo yo.
-¿A Chilevisión?
-Sí, y a Megavisión también.
-Manso problema. ¿Entonces no es cierto que usted y Jodorowsky sigan peleados?
-Mire, la gente debe saber de una vez por todas que Jodorowsky y yo hemos firmado un ventajoso contrato donde nos comprometemos a estar en guerra permanente, a polemizar en público en cualquier parte, incluso en territorio chileno. Es una estrategia de marketing en torno a la cual se han unidos nuestras respectivas editoriales. Así, el panfleto “Jodorowsky o el chamán de Nahueltoro”, de mi autoría, fue deliberadamente distribuido y claveteado en su “Cabaret Místico” de la calle Merced. El contrato también fija la repartición de áreas de influencia y la distribución de regiones operativas. Él y yo hemos creado una loca geografía, por así decirlo, de territorios que se desplazan. A los Países Bajos nosotros oponemos Los Países Bajoneados y en aquel suelo migratorio y trashumante actuamos.
-¿Cómo es eso?
-Jodorowsky opera en la cristiandad grecolatina, mediterránea, sobre todo en España, país donde el catolicismo ha hecho de sus ciudadanos una legión de autoflageladores en potencia, cultivadores del resentimiento y la culpa como herramientas relacionales. En cambio, yo me muevo en la zona germano-nórdica, en la que es más difícil convencer. Yo diría que mientras Jodorowsky calienta, yo enfrío. Por lo general, la clientela de Jodorowsky se compone de mujeres menores de 30 años; en cambio, yo trabajo fundamentalmente con la Tercera Edad, que en los países nórdicos constituye la inquebrantable Quinta Columna, demográficamente hablando. Además, él actúa con la Biblia y la cruz en la mano (si no, no vende); en cambio yo empleo la antipoesía, el chascarro, el aforismo, la paradoja. No hay que olvidar que Jodorowsky promete la sanación, que en él adquiere tonos salvíficos. Por el contrario, yo planteo que el filosofar es YA estar en buenas manos. Yo sostengo que cualquier crisis personal es una crisis de desorientación; a su vez, digo -con Heidegger- que el filosofar es encontrar el camino a casa.
-Pasando a otro tema, se le acusa de que las hibridices que usted propone pertenecen a la esfera del “pensamiento débil”...
-Sí, en efecto, algunos proto-nietzscheanos cuestionan mi estilo paternal, familiar, conciliador, hogareño. Pero a lo mejor los débiles mentales son ellos.
-Onfray sostiene que las hibrideces pueden conducir al desorden mental, al caos síquico. ¿Qué piensa usted?
-Bueno, es obvio que hay que saber manejar el hibridismo buscando siempre el acomodo.
-Sí, pero no todos somos Madame Blavatsky.
-Ése no es problema mío.
-“El sentimiento religioso” fue el tema más polémico en Essinge este verano. ¿Dónde se ubica usted? 

-Creo que en muchos casos el sentimiento religioso puede ser una falsa alarma, es decir puede llegar a convertirse en una barrera que impide el desarrollo personal, en una neurosis que bloquea a la persona. Aquí comparto la idea de Onfray y Freud.
-La polémica se centró demasiado en los símbolos. ¿Qué interpretación les da usted?
-Se abordó mucho la Mística y sus referencias al símbolo de la Fortaleza. Mi interpretación de ésta es que el sujeto debe siempre disponer de un “granero de recursos humanos” para enfrentar sus crisis, de modo que cuando éstas surjan, la persona no se vea obligada a entregarse a la terapéuticas que lo rodean y que le prometen curación o salvación. El trabajo de superación debe empezar en uno mismo, es parte de la construcción de sí. La Fortaleza es la creación de recursos propios sin recurrir al auxilio del Cielo. Como se dice en un texto de Juan Luis Martínez: “La realidad es sólo la base, pero es la base.”
-Usted habló mucho sobre la necesidad del uso de la fuerza propia para crear tensión...
-Bueno, por un lado hablé de la tensión existencial y, por otro, de la tensión discursiva. Lo hice en los coloquios que dedicamos al sentimiento religioso, tema donde se produjeron los mayores desacuerdos. Para mí, en el sentimiento religioso falso no hay tensión sino sumisión. Sostuve, apoyándome en Rudolf Otto, que en la Mística sí se da tensión religiosa, gracias a que el místico no es un teólogo; y si lo fuera, sería “controlado” por el poeta. El místico es el que nos propone una tensión creativa entre lo inmanente y lo trascendente, sin que esta dicotomía se resuelva hacia uno u otro lado. En la Mística se da un transformismo que desemboca en una tensión discursiva polivalente. De forma especial, pienso aquí en Rumi pero también en Juan de Yepes.
-Aquí usted se separa tajantemente de Onfray...
-Le he dicho a Onfray que la tensión mística entre pensamiento y emoción produce poesía, pero ésta tampoco plantea una solución. Por desgracia, Onfray es muy drástico cuando asimila todo sentimiento religioso a la neurosis. Yo le planteé la hipótesis de que la Mística acaso sea una superación de la neurosis; incluso, una liberación.
-¿Y qué le respondió? 
-Me acusó de neofreudiano. No sé, creo que Onfray debería reconsiderar su visión en este punto. Insisto en que él es demasiado categórico, lo que a su vez lo lleva a ser caprichoso. Le pedí incluso que revisara su postura frente a la mística francesa del siglo XIII Marguerite Porete, a quien Onfray -en el Tratado de Ateología - excluye de su lista de disidentes y la asimila a la categoría de fanáticos religiosos y, por ende, de neuróticos. Debemos recordar que Porete se opuso, con su palabra y su acción, a la estructura y doctrina de la Iglesia Católica de su época y fue quemada viva en la hoguera junto a sus escritos. Ella no se salvó pero sí algunos ejemplares de “Le miroir des âmes simples et anéanties”. En este libro vemos claramente que Porete había hecho de su sentimiento religioso un campo de tensión existencial y discursiva. Me parece que Onfray todavía no lo ha leído.
-Usted sostuvo además -en oposición a Kunnari Huttunen -que la tensión entre inmanencia y trascendencia no es privativa del sentimiento religioso.
-Así es y cité el extraordinario ejemplo de Nikos Kazantzaki, escritor que muy tempranamente se vio atraído por el llamado del Cielo y las imprecaciones de la Tierra. La tensión de querer ser fiel a ambos es lo que hace posible su literatura. El tampoco ofrece una solución a esta dicotomía; más bien, se deja “devorar” por ella pero lo interesante es que no lo bloquea; por el contrario, se trata de una tensión cuyas fuerzas antitéticas lo hacen crear, lo hacen escribir sus magníficas novelas y esa joya del género memorialista, “Carta al Greco”, donde un Kazantzaki ya mayor repasa los momentos álgidos de la tensión entre Materia y Espíritu a los que se vio sometido. Aquí podríamos especular una vez más sobre la hipótesis de que todo sentimiento religioso falso pueda ser re-orientado por el fenómeno estético liberador; idea, por lo demás, ya presente en Nietzsche.
-¿Cómo resumiría los coloquios de este verano?
 -Me gustó muchísimo la síntesis de la poeta taoista china Lu Xu Ria, quien dijo sin inmutarse la noche de clausura: “Ni occidental ni oriental sino totalmente accidental”. Es un gran paso hacia la liberación. También me gustó el resumen del representante mexicano, Anacleto Morones: “PENTATEUCO, las cincos zonas rebeldes de Chiapas”.
-¿Que nos deparará Essinge en el 2010?
-El evento indagará en algunas ideas claves de la filosofía nórdica, entre las cuales yo destacaría el concepto del Acomodo como estrategia del Vivir, o mejor dicho, del Estar. Será un encuentro único en su género, porque no solamente participarán filósofos; vendrán también carpinteros, mueblistas, diseñadores, ortopedas. El 2010 está destinado a ser el gran año del Concretismo y Situacionismo nórdicos, de cuyas anomalías ya habló un rencoroso Foucault en 1958, al acusar a los suecos de padecer “pragmatismo encéfalo-craneano”. Por esa época Foucault vivía en Uppsala, en cuya universidad escuchó al rector decir el axioma: “Sólo las salas de espera colman nuestras esperanzas”, con lo cual se manifestaba en crudo esta filosofía situacionista del bienestar concreto total, insoportable para el autor de “Las palabras y las cosas”.
-¿Por qué este viraje hacia la filosofía nórdica justo ahora?
-Porque, querámoslo o no, el Acomodo ha pasado a ser la acción vital del momento. 

-¿Cómo ha podido el pensamiento nórdico imponerse sobre el existencialismo? ¿Por las malas traducciones?
 -No, porque siendo el existencialismo un humanismo, no todos tenemos la misma cara; y eso confunde, desorienta; no es una doctrina monolítica sino un corpus abierto. Además ha habido filósofos encargados de desprestigiarlo.
-¿Se refiere a Heidegger?

 -Sí. Por desgracia, Heidegger confesó hacia el final de sus días que él no había encontrado absolutamente nada, ni la Esencia ni la Existencia; ni el Ser ni el Ser-ahí.
-No lo sabía... 

-Afortunadamente para nosotros Sartre le contestó por escrito desde Tempes Modernes, diciéndole que “quien no es nada ni nadie es un pobre huevón”.
 -Cambiando de tema, ¿qué hará después de Essinge? En qué está ahora? 
-Estoy terminando la biografía de Gaspar el Alquimista; paralelamente estoy preparando una antología de textos híbridos de autoayuda que se llamará “Tiritón y Taciturno”. 
-Entiendo que son textos que rompen con la tradición...
-Sí, se trata de una literatura que se opone terminantemente a la máxima religiosa del teólogo Mandungui según la cual “hay que conseguir seguridad mediante oscuridad”. Le estoy citando un axioma angular del fanatismo religioso venido de Platón y de los cavernarios que le sucedieron en el puesto. Hay que huir del sentimiento religioso de que somos seres deficientes y deficitarios; esta idea hace que la vida se convierta en la búsqueda permanente y angustiosa de una caja de compensación, como si ya nos hubiéramos jubilado del vivir por un accidente del trabajo. Más bien hay que arrojar luz, abrir claros. Eso es lo que debe pretender una filosofía sin Dios. Para citar a mi amado Pierre Bordieu, “siempre habrá aquellos que necesitan las tinieblas del desconocimiento para ejercer su comercio simbólico.”
-¿Echa de menos Italia? 
-Sí, porque soy un eterno enamorado de la Cultura de la Risa. Y quienes la mantienen viva, en el cine, la literatura y la música, son los italianos.
En cambio, en la zona germánico-nórdica, su gente es muy dada al Teatro de la Crueldad. Aquí, muchas veces, la vida no es un sueño, como creía Calderón, sino una pesadilla.
-Usted confesó a las audiencias de Essinge que se quiso hacer monje... 

-Fue en mi juventud. Me entrevisté con el Episcopado y le expresé mi fervoroso deseo.
-¿Y?

 -Recuerdo que Monseñor Letelier me dijo: “Hijo mío, lo que la Iglesia necesita con más urgencia en estos momentos no son monjes sino comunicadores sociales; el error nuestro ha sido haber soltado el micrófono”. Salí de esa reunión muy decepcionado.
-¿Cuál es su mensaje a la juventud deseosa de participar políticamente?
-Que el el germen de toda rebelión es una buena biblioteca.

[Balneario de Essinge, julio del 2009 ©RAF todos los derechos reservados]



sábado, 2 de enero de 2010

EL CUANDO DE CHILE / La mirada de LUIS KONG

Con su plena autorización, firmada ante notario, comparto aquí imágenes y textos de mi amigo, el fotógrafo, poeta profesor y viajero incansable (en estricto orden alfabético) LUIS KONG, quien –de vez en cuando- intenta sorprenderme con sus fotografías y poemas. Aquéllas se gestan por lo general en sus periplos vacacionales por Chile; y éstos, quizás, en la noche, cuando los suyos duermen.
En tanto fotógrafo, podríamos especular con la idea de que el azar dirigido es quien conduce los pasos de KONG, pues éste llega siempre al lugar preciso en el momento justo para capturar el motivo que parecía esperarlo y por medio del cual nos asombra. De él siempre he dicho que es el primer fotógrafo neorrealista de Chile y que si yo fuera comisario del pueblo u operador cultural en el Chile neoliberal de hoy, me esforzaría por reunir su vasta producción fotográfica en una exposición al aire libre en el Parque Ojijins (gracias Juan Ramón Jiménez), justo para el bicentenario de la República. ¿Para qué está el FONDART, si no?

Las fotos que se muestran a continuación fueron tomadas en Santiago y Valparaíso hace más o menos un mes. A su vez, el texto "TEMPLO PAGANO" pertenece a lo más reciente de su producción literaria.














TEMPLO PAGANO
No pudo haber desaparecido todo bajo el fuego abrasador de Alejandría. En vuelo tardío, las alondras dijeron otra cosa: que el templo, que los catálogos originales babilónicos de Hiparco de Nicea, de Apolonio, quedarían impresos para siempre en el pergamino apócrifo reescrito infinitamente por Dios. Ese otro Dios más impuro que su propia sangre y elevado a la categoría infalible de Ley Orgánica, de Matadero Público, de axioma irreductible del Espíritu Santo Inmolado clandestinamente en el patio 29 por los propios babilónicos de turno, por el propio Melquíades, arrastrando el imán aterrador por esta tierra de agónicos pecadores, de eximios exégetas mediáticos entre infinitos mapas conceptuales, decálogos, manuales de resurrección tardía, horrendos laberintos metafísicos creados por la escolástica anónima, los Emprendedores de Cristo, el Sindicato Fúnebre de la Política Contingente, y así, tanto y tan poco que decir y justificar ante el Venerable Cuerpo Vitalicio de la Verdad, porque eso ha sido el mundo desde entonces: un pastiche, un homínido, el Habeas Corpus de la sexualidad reprimida, el obituario espiritual de los jóvenes idealistas de hoy, el locus inútil del intelecto en el que seguimos sin comprender lo más mínimo acerca de nosotros mismos (carne de la muerte), mimos fallidos de una resurrección apenas pasajera, en tránsito hacia no sabemos dónde todavía, al amparo de este dolor que la siquiatría moderna se empeña convencionalmente en señalar con el dedo fatídico de la infancia, pero ya sabemos, ya no mientan más: la infancia viene con los años, la vejez la vivimos anticipadamente con el sabor insustituible de la leche materna, en la cuna tullida de nuestros sueños de niño sin madre, sin oficio alguno para sufrir tan tempranamente el dolor, pero, aun así, tratando de comprender el mundo, de clasificarlo en nomenclaturas místicas interminables de clases, individuos, especies, abominables tablas logarítmicas (que nunca me enseñaron a diferenciar estadísticamente la vida de la muerte), en fin, las definiciones inertes y agónicas del racionalismo cartesiano que aprendí en el silabario hispanoamericano antiguo. ¿Y qué hemos aprendido, desde entonces? Después de Alejandría, ¿quién ha deletreado las sílabas previas al silencio? Nadie, ni siquiera hemos aprendido a olvidar lo que tuvimos que aprender bajo amenaza, excepto que todo es sucio aún bajo el aura de lo innombrado, que todo es, a pesar de nosotros, a pesar del sol que nos abandona en la última tristeza de esa tarde juntos. Comprendimos, de golpe, que lo que habíamos escrito al principio, todo, y cuando digo todo, el alma se queda temblando ante la vaciedad estéril, el ser vuelve a su estado de negación original: la primera palabra de Dios fue su propia negación, el primer movimiento del agua, su apariencia oculta, el último parpadeo del ojo alrededor del sol, la fosforescencia inútil y heliotrópica de la vida. Así, tanta vicisitud, tanta alegoría de la muerte, tanta pudrición intacta y no decir nada, sólo escribirla, como ahora, una y otra vez, como ayer, antes y después del fuego original.

viernes, 1 de enero de 2010

LETRAS / El último premio Cervantes

El Premio Cervantes del año 2009 ha sido para un poeta, el mexicano José Emilio Pacheco (1939). La escritora Elena Poniatowska ha homenajeado al ganador con un soberbio artículo publicado recientemente en EL PAIS y que el lector puede consultar AQUÍ.

A su vez, sugiero a mis desocupados lectores que se den una vueltecita por el sitio OTRO CANAL, donde Cristián Warnken, el creador y conductor del programa "Una belleza nueva", reúne de un solo golpe todas sus entrevistas a destacadas personalidades de las letras, el arte y la ciencia. En ÉSTA, del 2004, Warnken conversa largo y tendido con el laureado José Emilio Pacheco, a quien, por lo demás, podemos escuchar en este otro enlace, con la voz del autor mexicano leyéndonos su poema “Ecuación de primer grado con una incógnita”.


Por mi parte, propongo la lectura de este magnífico texto de Pacheco, incluido en la ya legendaria antología “POESIA EN MOVIMIENTO/México 1915-1966”, publicada por Siglo veintiuno editores hace exactamente cuarenta y tres años.

DE ALGÚN TIEMPO A ESTA PARTE

I
Aquí está el sol con su único ojo, la boca escupefuego
que no se hastía de calcinar la eternidad. Aquí está
como un rey derrotado que mira desde el trono
la dispersión de sus vasallos.
Algunas veces, el pobre sol, el heraldo del día
que te afrenta y vulnera, se posaba en su cuerpo,
decorando de luz todo lo que fue amado.
Hoy se limita a entrar por la ventana y te avisa
que ya han dado las siete y tienes por delante la expiación
de tu condena: los papeles que sobrenadan en la oficina,
las sonrisas que los otros te escupen, la esperanza, el recuerdo...
y la palabra: tu enemiga, tu muerte, tus raíces.

II
El día que cumpliste nueve años, levantaste en la playa
un castillo de arena. Sus fosos comunicaban con el mar,
sus patios hospedaron la reverberación del sol,
sus almenas eran incrustaciones de coral y reflejos.
Una legión de extraños se congregó para admirar tu obra.
Veías sus panzas comidas por el vello,
las piernas de las mujeres,
mordidas por cruentas noches y deseos.
Saciado de escuchar que tu castillo era perfecto,
volviste a casa, lleno de vanidad.
Han pasado doce años desde entonces,
y a menudo regresas a la playa,
intentas encontrar restos de aquel castillo.
Acusan el flujo y al reflujo de su demolición.
Pero no son culpables las mareas: tú sabes
que alguien lo abolió a patadas – y que algún día
el mar volverá a edificarlo.

III
En el último día del mundo –cuando ya no haya infierno,
tiempo ni mañana –dirás su nombre incontaminado de cenizas,
de perdones y miedo. Su nombre alto y purísimo,
como ese roto instante que la trajo a tu lado.

IV
Suena el mar. La antigua lámpara del alba incendia el pecho
de las oscuras islas. El gran buque zozobra, anegado de soledad.
Y en la escalera herida por las horas, de pie como un minuto abierto,
se demora la noche.
Los seres de la playa tejieron laberintos en el ojo del náufrago,
próximo a ser oleaje, fiel rebaño del tiempo. Alga, litoral verde,
muchacha destruida que danza y brilla cuando el sol la visita.

V
De algún tiempo a esta parte, las cosas tienen para ti
el sabor acre de lo que muere y de lo que comienza.
Áspero triunfo de tu misma derrota, viviste cada día
con la coraza de la irrealidad. El año enfermo te dejó
en rehenes algunas fechas que te cercan y humillan,
algunas horas que no volverán pero que viven
su confusión en la memoria.
Comenzaste a morir y a darte cuenta de que el misterio
no va a extenuarse nunca. El despertar es un bosque de hallazgos,
un milagro que recupera lo perdido y que destruye lo ganado.
Y el día futuro, una miseria que te encuentra solo:
inventando y puliendo tus palabras.
Caminas y prosigues y atraviesas tu historia.
Mírate extraño y solo, de algún tiempo a esta parte.


[José Emilio Pacheco, Los elementos de la noche, 1963]